viernes, 20 de marzo de 2009

Esto Es To - To - Todo Amigos

Bueno, finalmente llegó el fin. Otro verano más que se va y ha comenzar de vuelta con la rutina. Si bien la mayoría comenzó con sus actividades habituales hace algunas semanas, formalmente el 21 colgamos el snorkel, las mallas y la loción bronceadora, y de a poco comenzamos a desempolvar las remeras manga larga y los pantalones.
Nuestra piel lentamente comienza a cambiar el color costado del sol, por el pálido de la oficina y la facultad. Las chicas dejan de exhibir sus encantos físicos y los hombres vuelven a criar panza.
Otra vez el frío, el dolor de garganta, la llovizna helada, la bufanda y la alergias.
A pesar de que algunos prefieran las frescas brisas del invierno o el florecer de la primavera (no conozco nadie que prefiera el otoño), otros estarán ansiosos tachando los días para volver a estar tirados bajo el sol del verano.

viernes, 13 de marzo de 2009

El país perfecto para los cangrejos

Ese pareciera ser mi país, esa es mi Argentina que cada día nos sorprende, algunos vincularán ese último concepto esperando escuchar algo novedoso y, la verdad que no es así, al menos a mi me sigue sorprendiendo que en nuestra Argentina nadie entienda a nadie y todos entiendan a todos.
Esa pareciera ser una de las grandes capacidades, que más bien diría discapacidades.
La mayoría de la población cree entender a todos y, todos jamás podrán ser entendidos.
Desde tiempos remotos-utilizo este término para no matarlos con una seguidilla de incansables y extenuante de años, pero podemos decir que desde el siglo XX-en la Argentina parece existir un síndrome de retroceso, que no sé si será algo que se transmite genéticamente para todos o simplemente será el aire que se inhala por estos pagos, este síndrome no distingue clase social, género o jerarquía, etc.
Pareciera aplicarse aquella frese” ley pareja nadie se queja”. Porque desde que tengo uso de razón y, hablando e intercambiando opiniones con mis antecesores y con personas que forman parte de mi presente, hemos llegado a una conclusión que por ahí pecará de generalizadora, pero creo que muchos apoyarán esta conclusión.
En esta actual Argentina y en las anteriores argentinas, reaparecen los mismos espectros que en tiempos remotos, estos son: corrupción, injusticia, inseguridad, debilidad, inestabilidad económica, hambre, asesinatos, etnocidio, genocidio, autoritarismo, discriminación, clientelismo político, mentiras, drogas, humillación, y sobre todo, imposibilidad de progreso-.
De esta manera, me cuesta comprender en el país que vivo, y que como muchos argentinos creo que estamos condenados a vivir así por mucho tiempo más, porque muchos lo pensaran de esa manera. Ya que como es sabido la historia e ideología son algunas de las cosas que llevan un extenso periodo en modificarse, por qué deberían de cambiar en años venideros, si hace décadas y siglos se vienen gestando más de lo mismo.
Vivimos en un país que sería apto para los cangrejos, ellos son los que caminan hacia atrás, y nosotros los estamos imitando de una manera muy admirable, copiamos esa manera de andar de tal manera que si los cangrejos pudieran darnos su opinión respecto a nuestra imitación de ellos mismos, seguro que fundirían sus tenazas en un cerrado aplausos y estaría tan contentos en el fiel calco de la imitación de su imitación por parte de nuestro país, porque estamos yendo hacia atrás como los cangrejos, y eso nos tendría que llenar de vergüenza.
Pasan años y década y los problemas son los mismos de siempre, los empleados reciben los sueldos de siempre, la economía empeora, la inseguridad ni hablar, el diálogo entre los funcionarios y el pueblo desmejora continuamente.
En fin, el grupo minoritario del poder, está muy contento de que todo esto suceda, se frotan las manos y se divierten manoseando los derechos de la minoría. ¿Yo puedo oír sus risas, tu también puedes hacerlo? si las oyes estoy seguro que modificarás tu manera de pensar e intentarás cambiar tu manera de caminar por el mundo, y a partir de ese instante dejarás de ir hacia atrás, como los cangrejos y emprenderás una marcha hacia delante, como un pingo salvaje, que sólo mira el camino que le espera por recorrer.

jueves, 4 de diciembre de 2008

CHAKE TU DEDO!!!


Se acuerdan de la leyenda urbana que decía que algunos enfermos de Sida dejaban jeringas infectadas en espacio de lugar donde caen las monedas.

Igual, ya casi nadie usa los teléfonos públicos

sábado, 29 de noviembre de 2008

Rock para los dientes

Hablando con varias personas coincidimos en una particular apreciación. NO hay peor molestia que la que te proporciona una muela cariada.
Aun así, mucho peor y molesto que el dolor en si mismo, es el hecho de ir al dentista.

Momentos como los previos a entrar en el consultorio dental, son en los que uno se mortifica y se maldice a si mismo, por no haber tomado los recaudos necesarios para evitar tener que someterse al tan tristemente célebre TRATAMIENTO DE CONDUCTO.

Finalmente, llega el día en que hay que enfrentarse a la adversidad y entrar con la frente en alto (o con la boca abierta) al consultorio, para someternos a la reparación de las maltrechas piezas dentales.
Y la espera. La espera hasta que llegue el turno correspondiente, es algo angustiante y estresante. Mientras cuento los segundos para ingresar a enfrentar mi destino, contemplo con pena los cuadros que rezan “una atención a tiempo es protección” o “Cepillese los dientes tres veces por día, después de las comidas”… muy tarde!!!. Si lo hubiera sabido antes, seguro que no estaría aquí.


Mientras espero, decido leer algunas de las revistas que están en la sala de espera. Oh sorpresa me llevo cuando veo que solo hay tres revistas. Dos “Selecciones Rider Digest” (que en mi vida recuerdo haberlas visto) con fecha de junio y julio de 2001, y otra de la Asociación Odontológica Argentina (?), que si era de este año.


Viendo tan acotada mi capacidad de elección, me inclino por una de las dos revistitas. El ejemplar llamó rápidamente mi atención al ofrecer en tapa una nota que aseguraba tener las “5 claves para vivir más” (donde seguro decía que una de esas es ir al odontólogo con asiduidad), y una entrevista con el entonces joven cantautor Alejandro Sanz. Aclaro que el estridente sonido del torno me impedía inclinarme a leer el material de divulgación odontológica.


La llamada salvadora de la odontóloga, me salvó de que me quemara las últimas neuronas activas con esas lecturas. Ahí sin embargo empezaba la otra parte del suplicio, que les contaré en la segunda parte.

viernes, 21 de noviembre de 2008

Cinco sentidos infieles

A veces damos pasos agigantados confiando en nuestros cinco sentidos, tacto, vista, oído, olfato y el gusto. Aunque en ciertas ocasiones retrocedemos muchos otros de manera casi catastrófica, no sé por qué ni cómo lo hacemos, simplemente son cosas que pasan se podría decir.
Algunas de esas formas de recular son muy contradictorias, a tal punto de generar una indudable desconcertación en un ser. Ciertas personas suelen tomarlo de maneras distintas, con humor, con dolor, y otras que ante la adversidad, el mundo comienza a conspirar y a oprimirle el pecho, casi como dejándolos sin aire para respirar.
Por otra parte, eso de cinco sentido infieles proviene de algunas experiencias que se van cosechando, concretando con el pasar y pesar del tiempo. Porque el tiempo pesa sino pregúntenle a Matusalén.
Hay respuestas para algunas preguntas que solemos considerarlas como sencillas, lo cierto es que no lo son, por ejemplo ¿qué cosas influyen sobre la toma de decisiones o en todo aquello que hago o dejo de hacer? Es una pregunta que frecuentemente se formula y que suele responderse, no por mí, sino por mis cinco sentidos que de vez en cuando suelen serme infieles, así y todo, no soy un incrédulo de ellos, porque si desconfío de ellos estoy casi perdido, por eso, si desconfías de tus sentidos seguramente sospechas de ti mismo, y una vez que dejas que las dudas se impregnen en tu interior, será difícil retomar el sendero de la confianza. Este último concepto es vital para todo tipo de crecimiento, y más aún, para el personal.
Así arriesgaría a decirte que no conquistarás buenas cosas desde la desconfianza, poco a poco, la vida nos va presentando situaciones que quieren despertar el engendro de la desconfianza, desde personas que hacen todo lo posible para “ganarse” esa desconfianza, pero el concepto también puede aplicarse entre persona y animal, porque una vez que te muerde un perro la mano al momento de tenderle tu mano y entregarle su comida en la boca, cual bebé recién nacido, y el muy desconsiderado o desconsidera te muerde con esos colmillos blancos y filosos como cúspide de montaña nevada ,jamás vuelves a confiar en ese animal del todo, y tampoco en los demás cuadrúpedos, a partir de ahí, los mirarás con más miedo y con cautela. De ahí que extraigo que los sentidos nos llevan a tomar decisiones que muchas veces no queremos pero nos arrastran, no siempre por los lugares que nosotros queramos, además suelen ser lo suficientemente caprichosos y en determinadas ocasiones se visten de cinco sentidos infieles.
¡Que paradoja, traicionado por mis propios sentidos!


Por: De(D) Ese(S)

domingo, 16 de noviembre de 2008

La Injusticia a dos metros…

Una tarde, casualmente nos desviamos del camino que acostumbrábamos tomar para llegar a la casa de un compañero nuestro. Entramos en un barrio que a juzgar por su aspecto, era de clase media; con algunas calles de adoquín y otras de tierra; casas de material, unas más humildes que otras pero visiblemente dignas. Luego de caminar un par de cuadras, de repente nos topamos con una realidad que parecía fuera de contexto: en uno de los lados de la calle, se abría un pasillo de aproximadamente de 15 metros de ancho y 60 metros de largo, con pequeñas casas de madera en un estado de miseria y hacinamiento alarmantes. Un asentamiento habitado por catorce familias sumergidas en los abismos más profundos de la pobreza y la marginación, a 10 minutos del centro de la ciudad. Y lo que va más allá de la paradoja para convertirse en algo escandaloso: el asentamiento está ubicado exactamente detrás del ostentoso Palacio de Justicia (Av. Sta. Catalina 1735), pegado al muro que contiene la parte posterior de éste. Un Palacio de Justicia en cuya construcción el Estado gastó alrededor de 18 millones de pesos, según el informe de la Comisión Especial Investigadora de las Contrataciones Públicas del Estado Provincial. (Fuente: www.diputadosmisiones.gov.ar)


Dos días después, decidimos volver al lugar, ya con el grabador y la cámara de fotos, dispuestos a conseguir testimonios de la vida de esta gente. Al ir internándonos por el “pasillo”, nos íbamos dando cuenta del grado de hacinamiento y miseria: el piso del terreno era de tierra y a pesar de que eran días soleados y calurosos, el barro persistía como una dificultad más. Cerca de una veintena de niños chiquitos, correteaban por ahí, desnuditos, sucios, jugando entre las gallinas y los perros, expuestos a condiciones insalubres. Las casillas eran de madera, pequeñas, una pegada a la otra, con evidentes problemas de humedad, higiene, espacio, comodidad, y en donde el agua se filtraba con irreverencia en los días de lluvia. Además, el lugar contaba con solo dos baños para 14 familias, las cuales llegaban a tener un promedio de hasta 19 integrantes cada una.

Apenas llegamos nos trataron con mucha amabilidad. Pasamos, nos dieron algo de tomar –eran las 15:40 de la tarde y hacía mucho calor-, y al rato estábamos frente a “Doña María” (una señora de 60 años aproximadamente), que sentada en su taburete y tereré de por medio, nos iba respondiendo las preguntas que le hacíamos.


Los de carne y hueso

Allí estaba “Doña María”, una señora que soportó los embates de la miseria desde siempre. Su mirada lo decía todo, desde aquellos ojos que no habían visto más que dolor, sufrimiento, padecimiento, pobreza.

Al presentarnos, nos tendió amablemente la mano para saludarnos. En un primer momento, la invadió una mezcla de timidez y desconfianza, que luego, con el transcurrir de la charla, desapareció definitivamente. Le comentamos que éramos estudiantes de Comunicación Social, y le explicamos la razón de la visita. Luego de escucharnos atentamente, dejó fluir como un río incontenible, toda su desesperación e impotencia: “Yo hace 24 años y 10 meses que estoy acá, compartiendo el lugar con 14 familias más (…) hace 7 años nos dijeron que nos iban a cambiar a un lugar mejor, pero fueron solo dichos (…)”, nos contó con notable resignación. Cuando le preguntamos si acudieron a alguna autoridad para hacer conocer su situación, nos dijo que lo único que recibieron fueron respuestas que carecían de propuestas para una posible solución, dejándolos así más a la deriva: “(…) fuimos a Yacyretá, nos dijeron que allí no figurábamos, fuimos a I.PRO.D.HA. (Instituto Provincial de Desarrollo Habitacional) nos dijeron que tampoco figurábamos, fuimos a la Municipalidad y allí tampoco estábamos (…) nosotros estamos a dos metros de la vista del gobierno (referencia al Palacio de Justicia), no pueden decir que no nos ven, que no existimos (…) ahora sí, cuando estaban en campaña política vinieron, pero no ellos (los políticos) sino los punteros, a prometernos ‘el cielo y la tierra’ a cambio del voto (…) y cuando terminan las campañas políticas se olvidan de nosotros, y de que somos personas también (…) si ellos nos dan un lugar para mí y mi familia, donde vivir bien, y tenemos que pagar el alquiler, trabajaríamos entre todos para pagarlo, todo sea para vivir como la gente, en una casita digna (…)”.


La familia de “Doña María” es numerosa. Entre hijos y nietos llegan a 16 integrantes. Para colmo de males, ella tiene una hija discapacitada que cuenta con una asistencia prácticamente nula: “(…) hay días que mi hija discapacitada sufre ataques de nervios, yo no puedo dejarla sola, tengo que quedarme a cuidarla y no puedo salir a hacer mis changuitas (…)”. Además casi ninguno de sus hijos pudo terminar los estudios primarios porque era necesario salir a la calle a trabajar. Respecto a esto nos contó lo dificultoso que es para ellos conseguir trabajo: un hijo de ella había sido tomado como empleado en una farmacia, y cuando se enteraron que él vivía en una villa miseria, lo despidieron. Una de sus hijas también había conseguido un trabajo, la despidieron cuando ella le contó a su jefe que tenía seis chicos.

Los casos que nos contó esta señora, son sólo los que se dan en el seno de su familia. Hay que pensar, también, que las otras 14 familias que habitan el asentamiento, tienen los mismos –o peores- problemas de miseria, inasistencia, discriminación, enfermedad, exclusión, abandono, y muchas desgracias más, inimaginables, con las que tienen que lidiar diariamente. Para ellos la vida está llena de barreras, infortunios, vejaciones, mentiras, promesas incumplidas. Aún así ella -que ha recorrido ya gran parte de su camino- sigue clamando desesperadamente por igualdad y justicia, por que se cumplan los derechos de toda persona, más que nada para que sus hijos y nietos puedan construir un futuro: “(…) queremos el bienestar para nuestros chiquitos. Nosotros ya pasamos por todo, ya somos viejos, pero no queremos que ellos sufran lo mismo (…) Estamos cansados de las promesas de los políticos. Somos de carne y hueso, igual que ellos, eso es lo que quiero que entiendan, y tenemos derecho a vivir mejor, como vos, como el intendente, como el gobernador, porque somos seres humanos (…) denle una oportunidad a estos jóvenes (referencia a dos de sus hijos que estaban cerca), que puedan trabajar, ya que no pueden estudiar (…) ni trabajar les permiten, solo porque viven en la villa (…)” exclamó dolida.

Una vez terminada la visita a esta gente, dimos la vuelta a la manzana, nos paramos frente al Palacio de Justicia, y luego de observarlo en silencio, aún con las sensaciones pesadas que nos había dejado aquella tarde, coincidimos: solamente con la plata invertida en las escalinatas, se pudo haber solucionado los problemas básicos del asentamiento de atrás.


Empujados a sobrevivir

Sólo en contacto con estas realidades uno se da cuenta que esta gente tiene todo “a contra mano”. Para ellos cada día que nace está signado por padecimiento. Ellos tienen poco tiempo para soñar con un futuro, porque ese tiempo lo tienen que ocupar para sobrevivir en el presente. Sobrevivir en el sentido de escaparle día a día a la muerte, al hambre, a la enfermedad, al abandono de persona, a las consecuencias de la constante exclusión. Son empujados a sobrevivir, en lugar de gozar del derecho a construir un mejor vivir y disfrutarlo. Ellos son los desoídos, los ignorados, los apartados, los desplazados por un sistema que los despoja de su humanidad: viven “como chanchos”, según palabras textuales de “Doña María”. Sistema que cuenta con ellos como números, no como personas: en las campañas políticas los pobres son “el voto”.

Y así, los gobiernos construyen sus monumentos al derroche, ostentaciones de poder, colosales obras de infraestructura que salen millones y millones de pesos, costeados por un Estado que excluye y deja que la pobreza sea una marea cada vez más incontenible. Claro ejemplo de esto es el del mencionado Palacio de Justicia –si se quiere de la injusticia-, que exhibe su opulencia frente a los ojos de los hambrientos y desamparados, cuyas únicas riquezas son su inconmensurable miseria y su esperanza de ser escuchados al fin; un Palacio de Justicia que para ellos es un gigante que les tapa el sol y los golpea a diario con su lujosa presencia.


Por Diego Andrusyzyn y Ricardo Lencina, estudiantes de Comunicación Social

miércoles, 12 de noviembre de 2008

Para no olvidar


Ok, me pongo nostálgico y navego en mi mente para traer al presente momentos del pasado.
Pero ahora no voy a recordar personas del pasado, ni sucesos de que marcaron mi vida. Solo me quiero emocionar un rato acordándome de... la época en que la cerveza costaba 80 centavos.
Sí, ya se que pasó mucho tiempo de eso, y que ahora, devaluación, C@v@llo, el uno a uno y la crisis internacional mediante, el precio de la "rubia" se fue muy para arriba, y es más que difícil que alguna vez vuelva a bajar.

Por eso, y sustentándome en esa frase que dice que uno extraña algo cuando ya no lo tiene, quiero destinar este espacio para pedirte perdón por:

-No haberte valorado lo suficiente cuando costabas menos de un peso
-Elegir tomar "tubito" granadina porque era más dulce y estaba de moda en esos días
-Faltarte el respeto mezclándote con coca en mis primeras tomadas
-Haberte cambiado por el vino en cajita, que era más barato aún, y me hacia sentir "más hombre"
-No valorar tus propiedades tomándote en degollados, porque no tenía edad para comprar con botella
-Tener la insolencia de derramarte en las cabezas de otras personas o tirarte cuando estabas caliente, porque eras barata

Por todo esto y más ofrezco mis disculpas, suplicando que algún días vuelvas a costar menos de "un sol", y así si te entregaré todo el afecto que no supe darte 8 años atrás.

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